Shopify anuncia sus planes con una cuota mensual clara y atractiva. Y es verdad: esa es la cuota. El problema es que la cuota es solo una parte de lo que cuesta operar una tienda Shopify de verdad. El resto —comisiones, aplicaciones, servicios— va apareciendo poco a poco, mes a mes, hasta que un día miras el extracto y la cifra no se parece en nada a la del anuncio.
Este artículo no pretende asustarte ni decirte que Shopify sea caro. Pretende que hagas los números completos antes de comprometerte, para que elijas con los ojos abiertos. Todos los “gastos ocultos” que siguen son legítimos y conocidos; el problema no es que existan, es que nadie te los presenta juntos antes de empezar.
Las comisiones por transacción: el coste que crece contigo
Cada vez que un cliente paga en tu tienda, una parte de esa venta no es para ti. Las pasarelas de pago cobran una comisión por procesar cada transacción, y según el plan de Shopify y la pasarela que uses, puede haber además una comisión adicional de la propia plataforma.
Al principio, con pocas ventas, estas comisiones son casi invisibles. Pero son un coste variable: crecen exactamente al mismo ritmo que tu facturación. Una tienda que vende poco apenas las nota; una tienda que vende mucho puede descubrir que las comisiones son una de sus partidas de coste más importantes del año.
La lección práctica: cuando calcules tus márgenes, incluye siempre el coste de cobro por venta desde el día uno. Y si tu ticket medio es bajo, presta especial atención, porque las comisiones pesan proporcionalmente más en ventas pequeñas que en ventas grandes.
Las aplicaciones: la suscripción dentro de la suscripción
Este es el gasto oculto más típico y el que más sorprende. Shopify cubre bien lo básico, pero muchas funciones que un negocio real necesita llegan a través de aplicaciones de su tienda de apps: reseñas de producto, programas de fidelización, envíos avanzados, facturación adaptada a España, popups, bundles, reservas…
Cada app suele tener su propia suscripción mensual. Una sola puede parecer poco, pero las apps se acumulan: la de reseñas, la de envíos, la del programa de puntos, la del chat… Antes de darte cuenta, la suma de tus apps puede acercarse —o superar— a lo que pagas por el propio plan de Shopify.
Cómo defenderte: antes de instalar cualquier app, pregúntate si la función es imprescindible o un capricho, si Shopify ya la cubre de forma nativa (muchas veces sí, peor explicada) y si existe una alternativa de pago único en lugar de suscripción. Y revisa tus apps cada pocos meses: es muy habitual pagar por aplicaciones que ya no se usan.
La plantilla: gratis no siempre significa suficiente
Shopify incluye plantillas gratuitas correctas, y para empezar pueden bastar. Pero muchos negocios acaban comprando una plantilla de pago buscando mejor diseño, más opciones de personalización o funciones extra. Es un pago único, no mensual, así que no es de los gastos más dolorosos; aun así, conviene saber que existe antes de enamorarte de una demo.
El matiz importante: una plantilla de pago no convierte una tienda mediocre en una gran tienda. El diseño ayuda, pero lo que vende es el producto, el precio, la confianza y el tráfico. No compres la plantilla más cara esperando que haga el trabajo por ti.
El dominio, el correo y los servicios conectados
Tu dominio (tunegocio.com) tiene un coste anual. Puedes comprarlo en Shopify —cómodo, todo junto— o en un registrador externo —normalmente más barato y con más control—. Ninguna opción es incorrecta, pero que sepas que el dominio es una partida separada de la suscripción.
Además, una tienda real necesita servicios alrededor: email profesional, herramienta de email marketing para newsletters y carritos abandonados, quizá un programa de facturación o de gestión de stock. Algunos tienen planes gratuitos hasta cierto volumen; otros no. Haz la lista completa de lo que vas a usar y suma sus costes: el “ecosistema” alrededor de Shopify también factura cada mes.
Las comisiones de cambio de divisa y ventas internacionales
Si vendes fuera de España —o planeas hacerlo—, aparece otra capa de costes: las comisiones por conversión de divisa. Cuando un cliente paga en otra moneda, alguien asume el coste del cambio, y ese alguien sueles ser tú en forma de comisión adicional sobre la transacción.
No es un coste prohibitivo, pero sí uno que casi nadie calcula al hacer sus previsiones de expansión internacional. Si tu estrategia incluye vender en otros países, inclúyelo en los números desde el principio.
El desarrollo a medida: cuando la plataforma no llega
Shopify es flexible, pero tiene límites. Si necesitas una funcionalidad muy específica —una lógica de precios particular, una integración con tu software de gestión, un diseño que se sale de lo estándar—, alguien tendrá que programarlo, y el desarrollo a medida se paga aparte.
Este no es un “gasto oculto” en sentido estricto: lo verás venir en el presupuesto. El riesgo está en descubrir la necesidad a mitad del proyecto, cuando ya estás comprometido con la plataforma. Por eso insistimos tanto en definir bien qué necesitas antes de elegir plataforma: nuestra comparativa entre WooCommerce y Shopify te ayuda a detectar estos casos a tiempo.
La revisión trimestral: el hábito que te ahorra dinero
Los gastos de Shopify no son estáticos: crecen solos si no los vigilas. Cada tres meses, dedica media hora a esta revisión:
- Lista todas tus apps activas y pregúntate una por una si sigue siendo imprescindible. Cancela sin piedad las que no uses.
- Revisa si tu plan sigue siendo el adecuado: ¿estás pagando por un nivel que no aprovechas, o te convendría subir de plan para bajar comisiones?
- Mira el informe de comisiones del trimestre y compáralo con tus previsiones. Si las ventas crecen, quizá sea momento de renegociar condiciones de la pasarela.
- Comprueba los servicios conectados (email marketing, facturación): ¿sigues en el plan correcto para tu volumen?
Este hábito sencillo es lo que separa a las tiendas que controlan sus costes de las que un día descubren que pagan el doble de lo previsto sin saber muy bien en qué.
Cómo calcular tu coste real: el ejercicio de 10 minutos
Antes de abrir tu tienda, haz este ejercicio con lápiz y papel:
- Anota la cuota mensual del plan que vas a contratar, multiplicada por 12.
- Estima tus ventas del primer año (sé conservador) y calcula qué parte se llevarán las comisiones por transacción.
- Lista las apps que crees que necesitarás y suma sus suscripciones mensuales.
- Añade el dominio, el email marketing y los servicios conectados.
- Si vas a vender fuera, añade una estimación para cambio de divisa.
- Suma cualquier desarrollo o diseño a medida del proyecto inicial.
El resultado es tu coste real del primer año. Compáralo con la cifra del anuncio y con el coste completo de la alternativa (por ejemplo, una tienda en WooCommerce con su alojamiento y su mantenimiento). Solo entonces estarás comparando de verdad.
Shopify puede ser una excelente decisión para tu negocio —para muchos lo es—, siempre que la tomes con los números completos encima de la mesa. Si quieres ayuda para hacer esos números o para montar tu tienda optimizando cada una de estas partidas, en nuestra página de tiendas online trabajamos con Shopify a diario y te diremos exactamente dónde está cada euro antes de que lo gastes.