Si te han pedido una auditoría de accesibilidad —o la estás planteando tú antes de que te la pidan— lo primero que debes saber es esto: no es un examen para suspenderte. Es un informe técnico que identifica las barreras que tu web pone a las personas con discapacidad y te dice, una por una, cómo eliminarlas.
Desde junio de 2025, con la Ley Europea de Accesibilidad en vigor y su transposición en España a través de la Ley 11/2023, las auditorías han dejado de ser algo exclusivo de grandes corporaciones. Pymes, tiendas online y empresas de servicios las encargan cada vez más: unas por obligación legal, otras porque un cliente importante las exige antes de firmar, y otras porque han entendido que una web accesible es, sencillamente, una web mejor para todo el mundo.
Saber qué revisan los auditores te permite llegar preparado: corregir lo obvio antes, entender el informe cuando llegue y planificar la remediación sin sustos en el presupuesto. Esto es lo que miran, punto por punto.
Qué es una auditoría de accesibilidad web
Un auditor evalúa tu web frente a las WCAG —las Web Content Accessibility Guidelines—, normalmente en su versión 2.1 o 2.2 y en el nivel AA, que es el que exige la normativa europea en la mayoría de los casos. La evaluación combina herramientas automáticas con revisión manual: un experto navega tu web solo con el teclado, con un lector de pantalla y con distintas configuraciones para comprobar cómo se comporta en situaciones reales de uso.
El resultado no es un «apto» o «no apto». Es un informe con cada hallazgo clasificado por severidad, ejemplos concretos del problema y una recomendación de corrección. Piensa en ello como un mapa de trabajo priorizado: te dice qué arreglar primero y por qué, no te pone nota.
Qué revisan los auditores
Aunque cada auditor tiene su metodología, los puntos de control se repiten en casi todos los informes. Estos son los que aparecen una y otra vez:
Contraste de color
El texto debe tener un contraste mínimo de 4,5:1 respecto al fondo (3:1 para texto grande). Es el fallo más común con diferencia: grises elegantes sobre fondo blanco, textos en colores corporativos demasiado claros, botones cuya letra apenas se lee. Se mide con herramientas, no a ojo —lo que a ti te parece legible puede no serlo para alguien con baja visión— y afecta a mucho más texto del que imaginas.
Navegación completa por teclado
Todo lo que se puede hacer con ratón debe poder hacerse con teclado: menús desplegables, sliders, acordeones, ventanas modales, el proceso de compra de una tienda. El auditor recorre la web pulsando Tab y comprueba que el orden sea lógico, que no haya trampas de teclado —elementos de los que no se puede salir— y que los modales retengan el foco mientras están abiertos.
Textos alternativos en imágenes
Cada imagen informativa necesita un atributo alt que describa su contenido; las decorativas deben llevarlo vacío para que el lector de pantalla las ignore. Los auditores revisan que los alt existan, que describan de verdad —«gráfico de ventas del primer trimestre», no «imagen1.jpg»— y que los botones compuestos solo por un icono tengan un nombre accesible.
Formularios y etiquetas
Cada campo debe tener su etiqueta asociada de forma programática, no solo un texto bonito colocado al lado. Los errores deben describirse con palabras —«el email no tiene un formato válido»—, no solo con un borde rojo: el color por sí solo no comunica nada a quien no lo distingue. También se revisan las instrucciones: si un campo exige un formato concreto, debe decirlo antes del envío, no después del error.
Estructura de encabezados
Una página, un H1. Después, H2 para las secciones principales y H3 para las subsecciones, sin saltos de nivel. Las personas que usan lector de pantalla navegan por encabezados como tú navegas por un índice: si la estructura es caótica, la página es un laberinto. Es uno de los fallos más baratos de corregir y de los que más se agradecen en la práctica.
Foco visible
Al navegar con teclado debe verse en todo momento dónde está el foco: ese contorno que aparece alrededor del elemento activo. Muchos diseños lo eliminan por estética —«queda feo»— y es un fallo grave. La solución no es quitarlo, es diseñarlo: un foco visible y bien integrado es perfectamente posible.
Checklist: cómo prepararte antes de la auditoría
No hace falta que lo dejes perfecto —para eso está la auditoría—, pero resolver lo obvio antes reduce el informe a los problemas de verdad y abarata la remediación. Esta es la checklist mínima:
- Pasa un validador automático gratuito (WAVE o axe DevTools) por tus plantillas principales y corrige lo que marquen.
- Navega tu web entera solo con el teclado: si te atascas en algún punto, el auditor también se atascará.
- Revisa el contraste de tus colores corporativos sobre todos los fondos donde aparecen.
- Añade textos alternativos a las imágenes que no los tengan y vacía los de las decorativas.
- Comprueba que cada campo de tus formularios tiene su etiqueta y que los errores se explican con texto.
- Pide a alguien que no conozca tu web que intente completar la acción principal —comprar, pedir presupuesto, contactar— y observa dónde duda.
Con esto hecho, el informe del auditor se concentrará en los problemas sutiles —los que de verdad necesitan un experto— en lugar de en una lista de descuidos que podrías haber resuelto tú.
Después de la auditoría: plan de remediación
Cuando llegue el informe, no intentes arreglarlo todo a la vez. Clasifica los hallazgos por severidad y por esfuerzo: primero lo crítico y barato —contraste, textos alternativos, etiquetas de formulario—, después lo importante y estructural —navegación por teclado en componentes complejos, reestructuración de plantillas—. Lo cosmético y menor puede esperar a la siguiente iteración sin que pase nada.
Y una verdad incómoda: la accesibilidad no es un proyecto con fecha de fin. Cada contenido nuevo, cada banner, cada formulario que añadas puede reintroducir barreras si nadie lo vigila. Por eso las empresas que mantienen el nivel a largo plazo no hacen una auditoría y se olvidan: combinan la remediación inicial con un mantenimiento web que incluye revisiones periódicas de accesibilidad.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta una auditoría de accesibilidad?
Depende del tamaño y la complejidad de la web: no es lo mismo auditar una corporativa de diez páginas que una tienda con miles de productos y un proceso de compra a medida. Lo sensato es pedir presupuesto indicando cuántas plantillas distintas tiene tu web —el auditor trabaja por plantillas, no por páginas— y desconfiar de precios cerrados emitidos sin haber visto el proyecto.
¿Pasar la auditoría significa cumplir la ley?
La auditoría mide el estado técnico frente a las WCAG, que es la base del cumplimiento. Pero la normativa también exige una declaración de accesibilidad publicada y, sobre todo, mantener el nivel en el tiempo. La auditoría es el paso imprescindible, no el único.
¿Puedo hacer una pre-auditoría yo mismo?
Sí, y deberías. Las herramientas automáticas gratuitas detectan una parte de los problemas —contraste, alts ausentes, estructura básica— y la prueba de navegación por teclado la puede hacer cualquiera. Lo que no sustituyen es la revisión manual de un experto con lector de pantalla: ahí aparecen los problemas que las máquinas no ven.
¿Cada cuánto hay que auditar?
Después de cada cambio importante —rediseño, cambio de plataforma, nueva sección compleja— y de forma periódica como revisión de salud. La accesibilidad se degrada poco a poco con cada contenido nuevo si nadie la vigila, así que una revisión anual es un mínimo razonable para webs activas.
¿Cuánto puede costar poner tu web a punto? Haz una primera estimación con nuestra calculadora de coste de accesibilidad: en un par de minutos tendrás un rango realista según el tamaño y el estado de tu web. Y si quieres que alguien mantenga ese nivel de accesibilidad en el tiempo —porque cada contenido nuevo cuenta—, echa un vistazo a nuestro servicio de mantenimiento web.